Fanzine Díscola #1

Primer fanzine de Díscola Ediciones que se define como una Plataforma de edición/distribución de publicaciones fanzineras hecho por mujeres con tol descaro que genera artefactos en A4, autogestionado y dirigido a teta suelta y sin frenos.

Este es el primer fanzine, cuya característica principal es que nos cuenta una historia mayúscula en pequeño formato. Grandes historias contenidas en una A4, con un breve texto a modo de homenaje a la mujer vietnamita. En la elaboración de este fanzine la visión de una turista, y la de una española expatriada en Hanoi -Estela Nombela-, que ha colaborado con un artículo.

¿Por qué este fanzine?

Cuando vas a un país como turista tienes un objetivo que te mueve a ir hacia allí. Un objetivo personal por el que caes en este país y no en otro. Si bien es cierto que estamos convirtiendo el turismo en un producto de consumo y los turistas nos hemos convertido en una especie de colonizadores de new age, que vamos dejando huella, ya no vamos portamos armas, ahora llevamos colgado al cuello una cámara que muchas veces se interpone entre lo que miramos y nosotros mismos. Este viaje despertó en mí una especie de rechazo a usar mi cámara y las contradicciones que representa ser turista e intentar vivir algo único o singular.

Me acerque allí atraída por la historia y las guerras, la curiosidad de cómo se traduce en la vida real un país con sistema comunista, seducida por la gastronomía y por las fotos de retratos que hemos visto todos de mujeres y hombres comidos por el sol con los ojos pequeños y sonrientes, además de los paisajes de naturaleza salvaje. Mis expectativas quizás eran reproducir esos retratos y esos paisajes, pero en realidad fui con un proyecto que se llamaría algo así como “siguiendo los pasos del comunismo”, aunque muy pronto me vi metida en un torbellino de calles en Hanoi, con mucha actividad y muy abrumada por lo que allí ocurría. Fueron 23 días de muchas imágenes, y cuando llegué a Madrid vi que mi proyecto se había quedado muy de lado. Quizás sin darme cuenta puse el foco y el objetivo en lo que más me llamaba la atención, y sin duda fue la presencia femenina en la calle. Ya fuera en las ciudades más pobladas con ese tráfico incomprensible para alguien que viene de la Europa “del orden”, o en los pueblos más remotos, turísticos como tal, y por lo tanto colonizados por nosotros los turistas.

En la frenética actividad de las ciudades y el escándalo de bocinas y motos, se abren paso estas mujeres aparentemente frágiles, cargadas con pesadas cestas con piñas, limones, naranjas amargas o mangos, que les doblan en tamaño y muchas veces en peso. Ellas venden en la calle lo que cultivan, cortan carne y pescado para venderlo, recolectan arroz, en las montañas llevan a los turistas de un lado a otro, tienen improvisados restaurantes móviles, venden en los mercados y mayoritariamente son las que compran.

Son las sostenedoras de la vida, y su presencia en la calle y el uso que hacen del espacio público es apasionante; están en continuo movimiento: hacen de todo para todos. Son el latido de la ciudad y las que bombean la vida en todas sus facetas. Sorprende ver que detrás de ese aspecto tan minúsculo poseen una fuerza inagotable. De norte a sur, en la locura de ciudades llenas de gente y motos, olor a gasolina quemada, humedad y frutas frescas, hay una transmisión directa del campo a la ciudad, y las mujeres son el cordón umbilical que conecta estas polaridades, que no lo son aquí.

En ese ir y venir caótico y estresante, lo rural se mezcla con lo cosmopolita. Esas mujeres activas, ya sea cuidando de sus nietas, portando pesadas cestas como si fuera parte de su propia columna o transportando enormes cantidades de envases en sus bicicletas, se encuentran con esas otras mujeres ausentes que miran al infinito y quedan atrapadas en un lapso de tiempo. Una mirada pensativa, ausente, como si ese país ya les hubiera ofrecido todo lo que tenía para ellas.

He elegido siete imágenes de las más de mil que llegué a hacer, como símbolo de lo que fue para mí ese choque como mujer europea de treinta cuatro años soltera y sin hijos, observando la fuerza y poder de la mujer vietnamita. Solo observé lo que ocurría y se me puso delante, sin juzgar, como una espectadora que mira atónita que este mundo y el otro se sostiene gracias al trabajo, silencioso, de las mujeres. Mi pequeño y humilde homenaje a las mujeres de Vietnam.

Rocío Martín


Se puede adquirir en la tienda ONline o escribiendo un correo a discola_ediciones@gmail.com.

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